Nuestra historia
Hola, somos Cata y Luzma, las hermanas detrás de Mara Celant.
Pero esta historia empezó bastante antes de que existiera Mara. Incluso antes de que imagináramos que algún día haríamos joyas juntas.
Cuando tenía unos 10 años, yo —Cata— tenía una cajita metálica llena de mostacillas. Hacía pulseras, collares, de mostacillas e hilos y prácticamente cualquier cosa que pudiera construir con las manos.
En mi familia eso tampoco era tan raro. Nuestra mamá pinta, le encanta decorar; otra de nuestras hermanas ilustra. De alguna manera, crear cosas siempre estuvo dando vueltas por nuestra casa.
La Luzma tuvo desde chica una fascinación especial por las piedras. Siempre estaba armando sus propios collares, eligiendo piedras y combinándolas a su manera. Años después estudió Diseño de Vestuario, aunque su camino profesional terminó llevándola hacia otros lugares como Turismo y el yoga.
Yo, en cambio, terminé estudiando Ingeniería Comercial y especializándome en marketing.
Y durante mucho tiempo, ninguna de las dos imaginó que terminaríamos haciendo joyas juntas.
Un banco joyero y las noches después del trabajo
En 2012 yo trabajaba en marketing de retail. Era un trabajo intenso, con días largos y bastante estrés. Después del trabajo empecé a ir a clases de orfebrería.
Y pasó algo que no esperaba: sentarme frente al banco joyero hacía que mi cabeza descansara.
Mientras durante el día estaba entre reuniones, números y estrategias, en la noche aprendía a calar, fundir y trabajar la plata. Después vinieron las piedras, las cadenas, la cera perdida, el engaste y distintas técnicas de joyería.
Seguí tomando talleres durante cerca de cinco años, simplemente porque me encantaba hacerlo.
Por esos años compré mi primer banco joyero. Lo instalé en un rincón del departamento donde vivíamos con mi marido y durante un tiempo ese fue un pequeño espacio para crear.
Después nos cambiamos de casa, llegaron los niños y, literalmente, dejó de haber espacio.
Vendí el banco.
La joyería quedó guardada por un tiempo. Pero no desapareció.
Después llegó Lilikoi
En 2022 en conversaciones con la Luzma decidimos hacer algo juntas.
Así nació Lilikoi.
Empezamos a hacer joyas con arcilla. Nos atraía especialmente la posibilidad de jugar con el color y la pintura.
Pero con el tiempo algo empezó a cambiar.
La arcilla había sido nuestro punto de partida, pero cada vez sentíamos más ganas de explorar otras formas, otros procesos y, sobre todo, trabajar con metal.
La Luzma empezó a formarse también en orfebrería y yo a experimentar con nuevas técnicas. Y descubrimos la libertad que nos daba el metal para construir, transformar, fundir, intervenir y volver a empezar.
Ya no queríamos hacer las mismas joyas.
Y entonces entendimos que tampoco queríamos seguir siendo la misma marca.
De Lilikoi a Mara Celant
Cambiar el material terminó cambiando nuestra manera de diseñar.
Empezamos a mirar más las formas, las texturas y las pequeñas irregularidades. A trabajar con piedras naturales. A dejar que una piedra pudiera determinar una pieza en lugar de obligarla a entrar en un diseño preestablecido. A encontrar inspiración en la naturaleza, en un libro, en la arquitectura o simplemente en una forma que nos llamaba la atención.
Lilikoi había sido el lugar donde empezamos, pero ya no representaba lo que queríamos construir.
Necesitábamos un nombre nuevo.
Después de muchas vueltas apareció Mara Celant.
No tiene un significado escondido ni viene de nuestros nombres. Buscábamos algo que sonara a una firma de diseño, que tuviera personalidad propia y que nos permitiera construir un universo desde cero.
Y este fue el nombre que se quedó.
Hoy diseñamos y fabricamos juntas.
Elegimos las piedras juntas, trabajamos el metal juntas y tomamos las decisiones de diseño entre las dos.
Eso no significa que siempre estemos de acuerdo.
Tenemos miradas distintas y bastantes opiniones. Yo soy probablemente la más perfeccionista y la que tiende a aterrizar las ideas. la Luzma aporta su propia forma de mirar y muchas veces vemos una misma pieza de maneras completamente diferentes.
Le damos vueltas, probamos, cambiamos, volvemos atrás.
Y de alguna manera, entre esas dos miradas, aparece Mara.
Volver al banco
Muchos años después de haber vendido mi primer banco joyero, compré uno nuevamente.
Le hicimos espacio en una esquina al lado de la logia y la convertimos en nuestro pequeño taller.
Puede parecer un detalle menor, pero para mí significó volver a hacerle espacio a algo que había estado ahí desde esa cajita metálica llena de mostacillas.
Solo que ahora somos dos.
Ahí nacen nuestras piezas. Algunas comienzan con una piedra que encontramos y no queremos modificar demasiado. Otras, con una forma de la naturaleza. Algunas incluso han empezado entre las páginas de un libro.
No buscamos que todas sean exactamente iguales. Nos gustan las pequeñas irregularidades, las marcas del proceso y esa sensación de que detrás de cada pieza hubo unas manos trabajando.
Porque para nosotras hacer joyas también tiene que ver con eso: hacer algo con propósito, que nos motiva y que nos alegra el día.
Y después dejar que siga su historia contigo.
Gracias por estar acá.
Cata y Luzma Undurraga
Mara Celant, Made to be worn.
Como trabajamos
Made to be worn
Las joyas más especiales no son las que guardamos. Son las que elegimos usar una y otra vez.








